Discurso de rendición del emperador del Japón, Hirohito: 15 de agosto de 1945

La biblioteca de Justiniano, historia de Oruro, Bolivia y el Mundo15 de agosto de 2026Justyniano PostJustyniano Post
hirohito
Hirohito
Luego del lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, poco le quedaba hacer a Japón en la Segunda Guerra Mundial. La decisión final sobre la rendición le correspondió al emperador Hirohito.
El 15 de agosto de 1945, en una transmisión radial por NHK, Hirohito anunció a la ciudadanía que Japón deponía las armas. Es el llamado Gyokuon-hoso, “Voz de radio de la joya”.
Esto se logró no sin esfuerzo, ya que un día antes un conjunto de oficiales intentó evitar la grabación del discurso y la difusión del mismo. Muchos de ellos se suicidaron tras no alcanzar su objetivo.
Por primera vez en su vida, Hirohito, emperador de Japón, se dirigía directamente a sus súbditos a través de las ondas. Con un lenguaje arcaizante, que muchos nipones no entendieron, el emperador dijo a su pueblo: "Hemos dado orden a Nuestro gobierno de que comunique a los gobiernos de Estados Unidos, Gran Bretaña, China y la Unión Soviética que nuestro Imperio acepta las disposiciones de su declaración conjunta".
En esta alocución en la que no se mencionó la palabra rendición, el emperador de una de las principales potencias del mundo comunicaba a su pueblo la claudicación del Imperio japonés. Terminaría así la Segunda Guerra Mundial.
Japón había tomado la firme decisión de luchar hasta el último momento. El Ejército imperial no consideraba la opción de rendirse, como lo dejaban claro las Instrucciones para el Servicio Militar del general Tojo: "No busques sobrevivir en la vergüenza de la prisión. Prefiere morir, asegurándote de no dejar tras de ti rastros de deshonra". El príncipe Konoe Fumimaro, un antiguo primer ministro, señaló más adelante que "el ejército había excavado cuevas en las montañas y su plan para continuar la lucha consistía en resistir desde cada agujero, desde cada recodo de las montañas".
Desde el invierno de 1944, un grupo de políticos japoneses había estado tratando de explorar vías para la paz, pero sus demandas en las negociaciones eran bastante ambiciosas y no concordaban con la realidad en la que Japón se encontraba. Por ejemplo, insistían en mantener el control sobre Corea y Manchuria, exigían que ninguna potencia extranjera ingresara en Japón y pedían que los tribunales japoneses juzgaran cualquier posible acto de guerra cometido por ciudadanos nipones.
En la conferencia de Yalta (febrero de 1945), la URSS se comprometió a entrar en guerra contra Japón, tres meses después de que se produjese la rendición alemana. Stalin no había sido enemigo de Japón durante la guerra y justo cuando se cumplieron los 90 días de la rendición alemana, la fuerza soviética arrasó a las tímidas defensas japonesas en Manchuria. Ese mismo día, Estados Unidos lanzaba la segunda bomba atómica sobre Nagasaki. El primer impacto había arrasado Hiroshima.
El emperador Hirohito quedó profundamente impactado por la exterminadora potencia de la bomba. Sintió el peso abrumador de la devastación que había causado en las ciudades esta nueva y extraña arma, mientras simultáneamente la declaración de guerra de la URSS resonaba en sus pensamientos. En medio de esta abrumadora realidad, el emperador se encontró en una encrucijada que lo llevó a una decisión sin precedentes.
Hirohito no ofreció excusas por el conflicto, sino que lo justificó como parte de la “emancipación de Asia Oriental”. Agradeció la lealtad de sus súbditos, tanto los que se encontraban resistiendo en el frente de batalla como los civiles en la retaguardia.
Al emperador, considerado un dios viviente, nunca se le había escuchado la voz, y el impacto que generó en la ciudadanía fue tal que muchos lloraron al escucharlo.
hirohito-3
Hiroito
“Yo, el Emperador, después de reflexionar profundamente sobre la situación mundial y el estado actual del Imperio japonés, he decidido adoptar como solución a la presente situación el recurso a una medida extraordinaria. Con la intención de comunicároslo me dirijo a vosotros, mis buenos y leales súbditos.
He ordenado al Gobierno del Imperio que comunique a los países de Estados Unidos, Gran Bretaña, China y la Unión Soviética la aceptación de su Declaración conjunta.
Ahora bien, conseguir la paz y el bienestar de los súbditos japoneses y disfrutar de la mutua prosperidad y felicidad con todas las naciones ha sido la solemne obligación que me legaron, como modelo a seguir, los antepasados imperiales y de la cual no he pretendido apartarme, llevándola siempre presente en mi corazón........"
Hirohito comenzó su alocución señalando que la situación bélica de Japón se había vuelto insostenible debido al uso de una "nueva y más cruel bomba" (refiriéndose a las bombas atómicas lanzadas en Hiroshima y Nagasaki) por parte de los Aliados. Explicó que, para evitar una mayor destrucción y sufrimiento para el pueblo japonés, el gobierno decidió aceptar los términos de la Declaración de Potsdam, que exigía la rendición incondicional de Japón.
El emperador hizo un llamado a la unidad y al mantenimiento de la paz entre su pueblo, instándolos a soportar lo insoportable para construir un futuro mejor. También expresó su lamento por los sacrificios que los ciudadanos y los militares habían hecho durante la guerra y pidió que se evitara cualquier tipo de revuelta interna que pudiera empeorar la situación.
Una de las partes más destacadas del discurso es cuando Hirohito declaró que aceptaba la rendición no porque Japón haya sido derrotado, sino para evitar la completa aniquilación de la nación japonesa. Esta formulación permitió a los japoneses interpretar la rendición como un acto de protección y preservación, más que como una derrota humillante.
Finalmente, Hirohito exhortó a su pueblo a reconstruir Japón y trabajar por la paz mundial, reconociendo el papel que el país debería desempeñar en el nuevo orden global post-bélico.
Este discurso es crucial en la historia moderna de Japón, ya que marcó el fin de una era y el inicio de la reconstrucción de la nación bajo un nuevo orden pacífico y democrático.
Dos semanas más tarde, desde la imponente cubierta del acorazado Missouri, el ministro de Exteriores nipón colocó su firma en el acta de rendición. La nación que había desarrollado un sanguinario imperialismo sometiendo a sus países vecinos, caía de rodillas cuatro años después de lanzar su ataque sorpresa sobre la base estadounidense de Pearl Harbor.
Algunas fuentes consultadas;
-Hirohito De Lana Sokolaj · 2021
-Hirohito el emperador desconocido De Edward Behr · 1993
-Hirohito emperador compasivo del Japón De Isamu Kanaji · 1989
Fuente: Página de Facebook "HISTORIA DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL"
Te puede interesar
706101294_1375233304416334_5048050517165316536_n

Santa Juana de América y la ingratitud que marca su vida y su muerte

Justyniano Post
La biblioteca de Justiniano, historia de Oruro, Bolivia y el Mundo26 de mayo de 2026
Bolivar se arrodillo ante ella agradeciendo su servicio a la causa libertaria de América latina, recibió la cabeza de su esposo Manuel Asencio Padilla que le fue enviada por el ejercito español, el resto del cuerpo como escarmiento fue descuartizado y se distribuyo en varias regiones rebeldes que luchaban en contra de la corona española, pario a uno de sus hijos en pleno campo de batalla, perdió a sus hijos por la causa libertaria, participo en la revolución de Chuquisaca el 25 de Mayo de 1809, fue parte del Batallón de "Leales", comandó a indígenas y mestizos, formo un cuerpo de caballería de mujeres llamado "Las Amazonas", en 1816 tras derrotar a los españoles en el Villar, fue nombrada Teniente Coronel por el General Manuel Belgrano quien le entrego su propio sable como símbolo de valentía, lidero guerrillas y colaboro con Martin Miguel de Güemes, fue reconocida por dos naciones Argentina y Bolivia como Heroína de la independencia de estos países. Su nombre Juana Azurduy.
 
Lo más visto