Hace más de 2.200 años, alguien presionó los dedos sobre arcilla húmeda y dejó, sin saberlo, una firma que resistió los siglos. Hoy, esas marcas diminutas empiezan a contar quién pudo estar detrás de un ejército.
El líder de una secta apocalíptica keniana, Paul Mackenzie, ha sido declarado culpable del asesinato de 191 personas; todas ellas, salvo una, eran niños.